Dietas maravillosas y atropellos a la salud

Dietas maravillosas y atropellos a la salud minSegún lo tratado en los temas anteriores, el sobrepeso y la obesidad se deben a un consumo de calorías superior a las que se gastan. Por lo tanto, para bajar de peso los tratamientos más eficaces se basan en: reducir los alimentos que se consumen, de manera inteligente, hacer actividad física y tener una actitud de perseverancia. No es cuestión de dinero, se requiere compromiso, moderación en las comidas y ser selectivo en la calidad de lo que se come.

Sin embargo, en una sociedad donde los estereotipos de belleza imponen una figura esbelta y delgada, las personas entran en una carrera sin fin por alcanzar, en corto tiempo, el peso deseado. Como buena parte desean adelgazar sin esfuerzo, encuentran una serie de dietas maravillosas que ofrecen el milagro de perder peso o de hacer desaparecer los “gorditos” de manera inmediata.

Son muchas las dietas famosas y muy populares que promueven médicos, químicos, artistas y gente de todo tipo, para conseguir el peso “ideal” que un ser humano desea tener. Algunos ejemplos son la “dieta de Atkins” con base en proteínas y grasas, sin carbohidratos (pan, pastas, papa, arroz, entre otros), azúcares o frutas; la “dieta de los grupos sanguíneos” de Peter J. D’Adamo, basada en determinados alimentos para cada tipo de sangre; y la dieta “Scarsdale”, del médico Herman Tarnower, en la cual se deben seguir menús estrictos durante 14 días.

También están: la dieta “South Beach”, de Pamela Anderson; la del atún y la piña, etc., y así se podrían seguir mencionando más de 20 dietas que ofrecen el milagro de adelgazar. Pero, ¿a qué se debe esa reducción de peso?, ¿a la pérdida de grasa?; ¿de agua?; ¿de proteína? Además, ¿cuál es el costo en la salud?

Efectos en la pérdida de peso
Cuando una persona desequilibra su alimentación, el organismo comienza a buscar energía alterando su funcionamiento. Primero, recurre a la reserva de glucosa (glucógeno) almacenado en el hígado, proceso durante el cual produce gran cantidad de agua que se elimina vía renal; y hay que recordar que la glucosa es el principal combustible energético, en especial del sistema nervioso y de las células sanguíneas.

Una vez que se agotan las reservas de glucosa en el hígado, el cuerpo recorre a las proteínas del músculo como fuente de energía. El músculo es el tejido que contiene mayor cantidad de agua, por lo cual también se produce pérdida de agua junto con minerales y sustancias tóxicas liberadas de las proteínas, como la úrea y el ácido úrico.

Es de anotar que una reducción rápida de peso disminuye el gasto metabólico basal, (energía que el organismo necesita para sobrevivir). Además, los kilos de peso perdidos no sólo se recuperan rápidamente, sino que se aumentan hasta en un 25% más del peso que se tenía anteriormente.

En cuanto a las grasas, el organismo metaboliza o transforma, de manera incompleta, los depósitos de esta. Este hecho produce cuerpos cetónicos (subproductos de la degradación incompleta de grasa), que ocasionan una pérdida urinaria muy alta, y es la razón por la cual la reducción de peso es superior a lo recomendado.

Se genera, además, una deshidratación ocasionada por la pérdida de sodio y una carga extra de solutos sobre los riñones, lo que lleva, a su vez, a un aumento en la eliminación de orina. Esta pérdida de líquidos y de fibra muscular es, entonces, la razón por la que en una semana se puede perder entre dos a cuatro kilos, cuando lo recomendable es entre una libra y, máximo un kilo.

Es de anotar que una reducción rápida de peso disminuye el gasto metabólico basal, (energía que el organismo necesita para sobrevivir). Además, los kilos de peso perdidos no sólo se recuperan rápidamente, sino que se aumentan hasta en un 25% más del peso que se tenía anteriormente.

Dietas muy estrictas obligan al organismo a utilizar las proteínas de todos los músculos (6-25%), incluido el del corazón, lo que ocasiona, deshidratación, flacidez y riesgo de muerte.

Consecuencias para la salud
Lo anterior es el resultado sobre el peso; pero, las consecuencias para la salud también son marcadas. Por ejemplo, se puede aumentar el ácido úrico, uno de los factores que desencadena la gota y disminuye el potasio, lo que puede producir arritmias cardíacas y ocasionar problemas renales, debido a la carga extra de solutos. También, se puede elevar el colesterol y, por lo tanto, aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, las reservas de glucógeno se reducen mucho, con lo cual se entra en un estado de fatiga.

Existen otros riesgos que quizás, no sean tan peligrosos, pero, de todas maneras, son negativos. Es de mencionar la intolerancia al frío, el nerviosismo, el atolondramiento, el estreñimiento o diarrea, la resequedad de la piel, y lo que es más importante, la incapacidad de mantener la reducción que se logró.

Sin cambios permanentes
Otro aspecto de las “dietas maravillosas” es que no promueven el cambio de hábitos alimentarios, para aprender a comer de todo con moderación, sin abusar de las grasas, los dulces, ni los carbohidratos. Porque no se debe olvidar que “nada engorda”, sino que todo depende de la cantidad.

Además, la alimentación debe ser un momento de placer y no un sacrificio; por ello, una dieta ideal reducida en calorías y balanceada, debe ser apetitosa, ajustarse a los gustos de cada persona, rica en fibra, frutas, verduras, económica, fácil de preparar y con abundante agua. En general, llevar buenos hábitos alimentarios es entender la alimentación como un beneficio para la salud.

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